Textos, tejidos y tramas en el taller de lectura y escritura
El piolín y los nudos

Elena Stapich (coord.)


Prólogo a la segunda edición*

Ahora que vamos de nuevo…, ¿vamos con un nombre nuevo?

Este libro, en su primera edición, bailó un breve vals y se agotó. Ahora, lo invitan a bailar de nuevo. Para la ocasión, hemos decidido hacerle algunos cambios. Hubo quien pensó en otra organización posible de los contenidos. Se la modificó. Hubo quien se entusiasmó con la idea de agregar otro capítulo. Se agregó. Hubo alguien a quien se le ocurrió invitar a la ilustradora a la fiesta. Se la invitó.
Pero también hubo una sugerencia del editor: ¿por qué no cambiarle el nombre, ya que en este nuevo giro va a llegar a otros países, donde hablan español, pero no el del Río de la Plata? ¿Y cómo van a entender esto del “piolín”? “Piolín”: palabra argentina, si las hay. Y aquí se produjo la discusión. Se solicitaron sugerencias para transmutar la palabra en cuestión por otra, de uso generalizado entre los hispanoparlantes. Hubo quien dijo “hilo”. Hubo quien ofreció “cordel”. Pero no había caso. No era lo mismo, tal vez por aquello de la connotación.
Cuando bautizamos a nuestro libro, el primero que escribimos como grupo, las autoras elegimos El piolín y los nudos como homenaje a una de nuestras escritoras preferidas, Laura Devetach, la de la novela La plaza del piolín. Allí nosotras, lectoras, y por tanto “cazadoras furtivas”, como dijera Michel De Certeau, cazamos la palabra “piolín”. También recolectamos un fragmento para colocar al principio del libro, junto con otro de Laura, en el que emerge la palabra “nudos”. Y todo por pensar que el lenguaje es un gran telar en el que vamos tramando los textos, cruzando y descruzando los piolines, cortando y anudando.
De nada de aquello daban cuenta las palabras que se nos ocurrían ahora para reemplazar al famoso “piolín”. Por eso no nos conformaban las soluciones posibles. Hasta que surgió, en la negociación, la alternativa de invertir el orden título-subtítulo. Para la nueva danza, el nombre podría ser: Textos, tejidos y tramas en el taller de lectura y escritura. Es explicativo, dijimos. Nadie se puede confundir, aseguramos. Pero debajo, enseguida: El piolín y los nudos. Un subtítulo “de fantasía”. Si alguien no lo entiende, no es grave. Y ya podrá leer después la historia esta de los nombres, del original y su metamorfosis.
Y así se salvó el piolín. Vale aclarar también que piolín es el hilo que se usa para atar un paquete. Este libro lo es, a su modo. Contiene una serie de propuestas para quienes deseen coordinar talleres de lectura y escritura con niñas, niños y adolescentes. También han sido envueltos algunos presupuestos teóricos que son los que sostienen a esas propuestas. Y hasta es posible encontrar una sugerencia sobre un taller en el que se propone... cómo organizar un taller. Abran ustedes el paquete. Esperamos que el contenido sea útil y de su agrado.
Entre nosotros, “piolín”, considerado como un diminutivo, derivaría de “piola”, que es una soga fina. Pero también se dice de alguien o de algo que es “piola” cuando es despierto, rápido, dúctil para adaptarse a una situación. Y para seguir en el tema de las relaciones de parentesco entre palabras, la poeta María Cristina Ramos nos sorprende con un derivado de “piolín”: “Agua de mi charco / velita velero / soga de piolín / piolinero”.
Por último, creemos que las palabras no son intercambiables. No es lo mismo una que otra. En la Argentina, ese juguete que los niños de otros países llaman “cometa” es nombrado “barrilete”. Lo que sostiene al barrilete en su vuelo es un piolín enrollado alrededor de un palito. Cuando el barrilete empieza su baile aéreo, es necesario “aflojar el piolín”, para que no se desplome sobre el suelo. A partir de estas cuestiones, una poeta del tango, Eladia Blázquez, construyó una metáfora que, como todo lo relacionado con el tango, está atravesada por la melancolía: “Y he sido igual que un barrilete, / al que un mal viento puso fin, / no sé si me falló la fe, la voluntad, / o acaso fue que me faltó piolín”.

Que soplen buenos vientos para este libro. Hay fe. Hay voluntad. Y no faltó el piolín.

Elena Stapich


* Una primera edición de este libro fue publicado por Estanislao Balder en 2004 bajo el título “El piolín y los nudos”. Esta segunda edición fue aumentada y corregida por sus autoras.

 

 


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