“…la
juventud de nuestros días tiene la aptitud de criticarse a sí
misma y de dudar de sí, de juzgar al mundo en que vive y, si es
preciso, de afrontarlo. Es a partir de aquí que se construye su
capacidad de proponer un ideal de vida, de soñar, de imaginar
otro mundo y de verse a sí misma tal como podría ser.”
Daloz Parks, 1993, 29
Prólogo
Este libro se ha escrito
con el propósito de proponer el desarrollo de una cultura del
cuidado con respecto al prójimo y al medio ambiente, en tanto
objetivos fundamentales para la educación de nuestra época. Su
finalidad es preparar a docentes de todos los ciclos de la educación
y a estudiantes de la carrera docente para un trabajo capaz de
crear un clima de solidaridad y confianza mutua en las instituciones
de educación.
Para el logro de este objetivo, el programa propone la creación
de una cultura educacional que permita desarrollar en los estudiantes
la disposición a asumir responsabilidad por el “otro” y, paralelamente,
a actuar de acuerdo con esa responsabilidad. Se trata de promover
un clima institucional que se exprese en todas las dimensiones
de actividad del instituto (Noddings, 1992, 173; Rice, 1996, 269):
en los contenidos, en las estrategias de aprendizaje-enseñanza,
en los métodos de evaluación, en la naturaleza de las relaciones
entre docentes y alumnos y dentro de cada uno de estos sectores
y, más en general, en el carácter de las relaciones con el otro
(conocido o extraño) y con los entornos natural y físico creado
por el hombre. Se trata del desarrollo de educadores sensibles
a la realidad social, capaces de una visión crítica de la realidad
y dispuestos a tomar en cuenta las auténticas necesidades del
medio en que actúan. Se trata de educadores que podrán convertirse
en agentes de cambio en las instituciones de educación en que
se desempeñen.
En este libro se exponen tanto los fundamentos teóricos como una
amplia serie de actividades, presentadas con el propósito de desarrollar
una visión de la educación fundada en una ética del cuidado hacia
el prójimo y hacia el medio circundante, y dirigida a los entornos
de formación docente y a los institutos de educación en general.
Esta visión se traducirá en procesos de aprendizaje orientados
a la vez a la razón, a los sentimientos y a la acción. A este
respecto son importantes las observaciones de Rogerson y Webb
(1991):
Demasiado a menudo se centra la formación docente en la promoción
de capacidades que es preciso “aprender” sin tomar en cuenta el
desarrollo de aquellos procesos que permitirán una mejor toma
de decisiones en los campos ético y educativo […] es preciso exigir
a quienes se dedican a la formación de docentes que consideren
el desarrollo de aquellas capacidades a la luz de conceptos informados
por una ética del cuidado…
Se propone aquí crear un equilibrio entre las dimensiones cognitiva
y axiológico-afectiva de los procesos de formación. En el marco
de este clima, el docente o el estudiante de docencia se formarán
para una acción educativa capaz de tomar en cuenta los factores
que puedan promover una relación fundada en el cuidado respecto
del otro.
Es claro que ningún programa de formación podrá provocar cambios
en enraizadas concepciones éticas sin el apoyo de otros factores
de relieve para el desarrollo del sujeto, tales como la familia,
la comunidad, los medios de comunicación y el régimen político
(Damon and Colby, 1996, 32). De aquí que la escuela o la institución
de formación docente que se proponga crear una cultura de este
tipo deberá definir su esencia de un modo que incluya una visión
del carácter de su interrelación con las entidades sociales y
culturales en cuyo marco se desarrolla su acción.
El proceso por medio del cual se propone la institución educativa
crear una cultura del cuidado y de confianza hacia el alumno no
podrá producirse en un entorno de relaciones de trabajo en que
existan rígidas jerarquías de dirección, o en aquel que utilice
la competencia como uno de sus instrumentos básicos para la promoción
del desarrollo de los alumnos (o de los docentes), o donde las
formas de relación interpersonal sean básicamente formales y estén
basadas en la función del sujeto más que en su calidad humana.
Su (1990, 36), quien investigó los procesos de socialización de
los estudiantes de docencia en los Estados Unidos de América,
llegó a la conclusión de que:
La mayoría de los institutos de formación docente que se estudiaron
acentúan los aspectos técnicos, y no los morales, del proceso
de socialización del estudiantado. En la mayoría de los programas
de formación docente investigados, el resultado del proceso de
socialización profesional es el de una “reproducción” de los docentes
realizada de acuerdo con los métodos de educación existentes y
una perpetuación de la cultura de enseñanza y educación actuales,
que se distinguen por su carácter conservador, individualista,
por una concepción conductista y por su fuerte oposición al cambio.
Se propone aquí la
creación de una cultura basada en la cooperación de los miembros
de la institución en todo lo que se refiere a la fijación de sus
objetivos y a su implementación y valoración, cultura que se construirá
sobre un permanente diálogo entre docentes, alumnos y demás miembros
del organismo. La importancia de la cooperación es destacada por
Noddings, quien señala que:
Escuelas organizadas en el marco de una estructura jerárquica,
cuya finalidad es el logro de objetivos determinados, se caracterizan
a menudo por su afectividad neutra, su focalización en el “yo”,
su universalismo, su ambición por llegar a logros y su especialización.
Por el contrario, escuelas que se conciben como una sociedad comunitaria
son capaces de promover el apoyo a las necesidades colectivas...
sus integrantes se muestran deseosos de pertenecer a un grupo
del que es imposible expulsarlos, hacer participar a los demás
de sus sentimientos, formar parte de algo mayor que ellos mismos.
Ellos exigen ser considerados como individuos y no como “casos”,
piden una evaluación que se efectúe de acuerdo con lo que realmente
son y manifiestan la necesidad de poder participar en actividades
que no son necesariamente instrumentales (1996, 248).
La escasa literatura
que se ocupa de las formas de educación moral del adulto (Brookfield,
1998, 283) destaca la necesidad de ampliar la dimensión ética
de las decisiones del educador. Aquí se propondrá considerar desde
este punto de vista prácticamente toda la acción educativa del
docente. En este proceso, el estudiante de docencia se percibirá
como un adulto, incluso si su adultez se halla en sus principios.
El profesor deberá tener en cuenta que la experiencia personal
de quienes están en proceso de formación –una experiencia obtenida
fuera de la institución educativa– deberá ser tomada en cuenta
en el proceso formativo (ibid, 290), y que un cambio de sus concepciones
éticas implicará una transformación lenta y prolongada a realizarse
analizando las fuentes de estas concepciones y su significación
personal e histórico-social. Como lo subraya Brookfield:
Nos volvemos atentos a la importancia del contexto y de una visión
que relativiza las situaciones, cada vez que expresamos un juicio
y que nos comprometemos a actuar según valores y creencias que
consideramos ahora más valederos sobre la base de nuestra experiencia
personal. El compromiso con valores universales, la conciencia
de que sus fundamentos dependen siempre del contexto y la comprensión
de que este compromiso podrá cambiar en algún punto cualquiera
del futuro – todo esto constituye una etapa del desarrollo intelectual
y moral conocida como etapa del juicio reflectivo (1998, 284).
Brookfield (ibid, 295)
describe asimismo un modelo de educación en valores que incluye
acción, reflexión referida a la acción, nueva acción y así sucesivamente.
En este proceso, los estudiantes analizan críticamente sus supuestos,
investigan los significados de la acción y experimentan nuevos
tipos de identificaciones.
Sobre la base de estas líneas nos proponemos desarrollar la labor
educativa planteada en este libro. Ella se presentará sobre un
sustento teórico avalado por la investigación y acompañado por
proposiciones de acción –y en la medida de lo posible de su implementación–
y por un continuo proceso de reflexión.
En lo teórico nos apoyamos fundamentalmente en dos concepciones:
La visión moral y educativa de Nel Noddings, en lo que se refiere
a la necesidad de considerar las relaciones de cuidado (caring)
para con el prójimo y la preocupación por el medio que nos rodea,
como dimensiones de un carácter moral y social de importancia
similar a la cognitiva en los procesos de formación docente.
El pensamiento de Emmanuel Levinas sobre el carácter ético esencial
de la existencia humana, que se manifiesta en la responsabilidad
que cada uno tiene para con el otro.
¿A
quién está dedicado este libro?
Este libro se dirige
a docentes de todos los niveles de la educación y, en especial,
a aquellos encargados de la formación de maestros y profesores.
Los contenidos que se presentan podrán ser utilizados como base
para la redacción de programas de formación y especialización
de educadores de los distintos niveles y de diferentes materias
de estudio, siempre que el objetivo de estos programas incluya
la promoción de una cultura del cuidado de la institución educativa.
La
estructura
Cada uno de los de
cinco capítulos del libro toca una dimensión diferente del trabajo
del educador, si bien estas dimensiones deberán ser siempre consideradas
como parte de un todo orgánicamente integrado.
Los diversos capítulos presentan desarrollos teóricos, actividades
para el estudiante (o para el docente en cursos de especialización),
seguidas de comentarios y recomendaciones para el profesor de
educación superior o para el docente de primaria o secundaria
que se propongan desarrollar estas actividades.
Los
contenidos
El capítulo uno expone
la concepción moral y educativa en que se apoya este estudio,
y analiza sus raíces en el marco de la filosofía moral y en los
fundamentos educativos que de ella se pueden derivar.
El capítulo dos trata de la expresión de la ética del cuidado
en los modos de relación entre quienes integran la institución,
y entre ellos y el medio en que se desempeñan. Serán así estudiadas
las relaciones de los docentes con sus alumnos o estudiantes,
las de los alumnos entre sí, y las formas en que la institución
educativa se relaciona con quienes se hallan fuera de sus entornos:
el medio natural y el físico creado por el hombre o aquel que
se halla a su servicio.
En el capítulo tres se estudian las proyecciones morales y afectivas
de los contenidos de las diferentes materias de estudio y de las
estrategias utilizadas para su enseñanza.
El capítulo cuatro analiza críticamente los modos de evaluación
existentes y propone modos alternativos, adecuados a una cultura
del cuidado.
El capítulo cinco estudia lo que deberá caracterizar las formas
de relación de la institución educativa con la familia y la comunidad
en el marco de una cultura éticamente orientada.
En todos los capítulos se propone, además de un trasfondo teórico,
una serie de actividades a ser realizadas por los estudiantes
con la guía del profesor. Por lo general, cada capítulo comienza
con actividades que invitan al estudiante a analizar su experiencia
en los terrenos vinculados a la temática expuesta. A continuación,
se propone realizar un examen crítico de la práctica educativa
tal como ella se desarrolla en su entorno. En la última parte
del capítulo, se expone, por lo general, una serie de actividades
que permiten la construcción y aplicación de las estrategias vinculadas
a la visión ética propuesta.
A lo largo de este trabajo utilizaremos el término “maestro” cada
vez que el texto vaya dirigido a la generalidad de quienes enseñan
en los marcos de la educación preescolar o a la educación primaria
o secundaria; “profesores”, cuando nos refiramos a quienes lo
hacen en los marcos de la educación superior, y “docentes” o “educadores”
cuando se trate indistintamente de cualquiera de estos grupos.
El término “alumnos” nos servirá para designar a quienes se educan
en marcos preescolares o de enseñanza primaria o secundaria y
“estudiantes” será utilizado cuando nos refiramos sólo a quienes
cursan estudios superiores (de formación docente o de otras especialidades
impartidas en los marcos universitarios). “Educandos” será usado
para referirnos indistintamente a cualquiera de estos grupos.
Las expresiones “profesor” o “profesores“, “alumno” o “alumnos”,
“el estudiante” o “los estudiantes”, “el docente” o “los docentes”,
se referirán indistintamente a personas de los dos sexos.