|

La gestión escolar y el aprendizaje de la ciudadanía en contextos inciertos
“Si las escuelas de una sociedad democrática no existen para el apoyo y la extensión de la democracia, y no trabajan para ello, entonces son o bien socialmente inútiles, o socialmente peligrosas”, sostenía James Mursell en 1955.
Con expresiones menos dramáticas, los discursos que hoy atraviesan la educación se refieren a la necesidad de formar en las escuelas ciudadanos responsables y críticos, personas que participen y trabajen para que la democracia real se aproxime a la democracia ideal.
Cabe preguntarse si la escuela está en condiciones de cumplir con semejantes expectativas, si los docentes cuentan con los recursos necesarios para llevar adelante una misión tan ambiciosa y si los directores, responsables de la conducción de las instituciones educativas, pueden impulsar los cambios requeridos…
En los últimos años veinticinco años, con el advenimiento de la democracia en la Argentina y otros países de Latinoamérica, el rol de los directivos escolares comenzó a redefinirse. A partir de allí, surgieron ambigüedades, dilemas y muchos interrogantes.
¿Gestionar o dirigir? ¿Cómo actuar como un profesional que toma decisiones cuando se es empleado de una administración burocrática? ¿Es posible propiciar la participación de los docentes y a la vez mantener el control? ¿De qué modo entablar relaciones horizontales en el contexto de un sistema jerárquico vertical?
Los dilemas se multiplican y las recetas no existen, pero sí existen directores, maestros, profesores, estudiantes y comunidades que desarrollan experiencias y ensayan caminos para que la democracia tenga lugar y crezca también en las escuelas.
Los editores
|