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El cuerpo: otro tema, el mismo desafío
Durante mucho tiempo, la escuela, haciéndose eco de la cultura dominante, dejó a un lado todo aquello vinculado con lo corporal. A partir de un enfoque dualista, se privilegió el trabajo intelectual y, para esto, los cuerpos de los alumnos y maestros fueron llamados a silencio mediante rituales homogenizadores.
El currículo relegó el cuerpo a la educación física, disciplina que se ocupó de controlarlo, estableciendo un patrón al que todos debían ajustarse. En ese cuerpo reducido a lo orgánico, a una serie de movimientos previsibles, no había lugar para la expresión subjetiva. Los cuerpos que no respondían al modelo eran marginados del sistema.
Con mucho esfuerzo la escuela comienza a reconocer las diferencias individuales. Desde diversos enfoques, como por ejemplo la teoría de las inteligencias múltiples, lo expresivo se cuela en las aulas y las vivencias personales logran cierto reconocimiento. Los cuerpos, con sus particularidades, historias y experiencias luchan y en ocasiones consiguen un espacio en la trama institucional.
Curiosamente, cuando la escuela parece abandonar ese afán unificador, aparece el mercado imponiendo un nuevo modelo. Cirugías, dietas, drogas y toda clase de artefactos prometen un cuerpo delgado y eternamente joven. Los cuerpos, para lograr la apariencia deseada, son sometidos a prácticas generalmente peligrosas para la salud y el desarrollo de la identidad.
Pensar el cuerpo -los cuerpos- en relación con la cultura y la escuela deja en evidencia, una vez más, la necesidad urgente de una educación que tienda a la emancipación de los sujetos para que no se conviertan en cómplices -y a la vez víctimas- de las falsas promesas del mercado.
Los Editores
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