Vínculos, emociones y prácticas educativas

En los medios de comunicación abunda información sobre los conflictos vinculares de las escuelas. Sin embargo, no llegan a formar parte de la agenda educativa. Salvo que se tornen visibles, audibles, palpables, a través del registro audiovisual que ingresa a la escuela de la mano de los alumnos y sus teléfonos celulares. Un ojo atento filma lo que ocurre en el interior de las aulas y luego se difunde en los medios, si la noticia “vende” y “mide” en audiencia.
¿Qué sucede antes, durante y luego del suceso televisivo en las instituciones educativas? En ellas raramente se toman en cuenta cuestiones relacionadas con los conflictos entre pares, las relaciones de poder entre alumnos, entre docentes y alumnos, entre los docentes. Mucha bibliografía y minuciosos estudios históricos concluyen que el campo emocional está estrechamente vinculado con el aprendizaje. Desde las teorías psicoanalíticas, socio-culturales o psicosociales, se ha insistido en que las emociones deberían ser consideradas a la hora de enseñar, pensar en el Otro que aprende, en los que enseñan y, por supuesto, en la formación de los docentes. Niños y adolescentes ponen en juego, muchas horas al día, durante meses y años, sus emociones al encontrarse con sus docentes y con sus compañeros.
¿Con qué herramientas cuentan los adultos para abordar los conflictos, las problemáticas, las vicisitudes que se juegan en el espacio del aula? ¿Es necesario llegar a los episodios extremos para tomar conciencia de la necesidad de incorporar conocimiento en este campo para facilitar las prácticas educativas, para considerar y hacer valer el derecho de todos de aprender en un clima emocional propicio para sentirse bien?
Los autores de este dossier profundizan desde distintas perspectivas en la temática y proponen algunas estrategias para reflexionar, analizar y mejorar las propuestas, los proyectos, la enseñanza.

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