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¿Desenchufados vs. enchufados?
En el mes de agosto, en el artículo “El día más largo”, publicado en la revista de educación del Washington Post, Danna L. Walker, la autora, propone la siguiente pregunta “¿Puede una clase de estudiantes secundarios sobrevivir sin iPods, celulares, computadoras y televisión desde una salida del sol hasta la próxima?” En el texto explica lo que ocurrió cuando esta inquietud se convirtió en una experiencia -que debieron realizar sus alumnos- de estar completamente “desenchufados” durante todo un día. Sin ningún contacto con aparato electrónico alguno. Además, tuvieron que redactar un informe breve sobre su experiencia e incluir una reflexión sobre el libro de Neil Postman: “Divertirse hasta Morir. El discurso público en la era del show business”.
Los comentarios de los jóvenes ante la propuesta fueron muy interesantes, tanto como los que se expresaron posteriormente en los informes. Ante esta situación, algunos se encontraron haciendo cosas cotidianas que nunca había realizado, otros se sintieron completamente a la deriva, otros se asombraron leyendo un libro, otros se inquietaron ante un ruido cualquiera que escucharon en un dormitorio cercano.
En este contexto, es relevante volver a revisar la famosa frase de McLuhan: “el medio es el mensaje”. Y plantear algunas dudas, pensando en lo que propone la docente mencionada en una escuela en Estados Unidos, cuna del hiper consumo de todo tipo de aparatos electrónicos.
¿Qué sucede en los países de América Latina? ¿Qué mensajes constituyen los medios? ¿Cómo “educan”? ¿Cuánto tiempo están los jóvenes “enchufados” y a qué tipo de aparatos electrónicos? ¿El acceso a utilizar ciertos medios es igualitario, es masivo? ¿Es democrático? ¿La utilización de los medios tecnológicos reemplaza experiencias vitales por experiencias virtuales? ¿Cómo integrarlas y otorgarles a ambas sentido formativo, reflexivo y democrático?
En el actual contexto, ante la posibilidad de que el consumidor avance y el ciudadano se diluya…, la escuela tiene un desafío: aprovechar los medios sin transformar la escuela, a través de su incorporación irreflexiva, en un espacio propicio para el “espectáculo educativo”.
Los editores
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