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Prólogo -
Un libro oportuno…
Graciela Morgade
Un
libro que nace siempre es motivo de alegría y de festejo.
Un libro que abona a los debates acerca de la subjetivación del
objeto de estudio y de quien investiga –es decir, de las subjetividades
que se “escriben” en una investigación– merece un festejo aún
mayor.
Un libro que ubica sin eufemismos a la investigación educativa
como una cuestión política protagonizada por actores sociales
que disputan sentidos y recursos, es un verdadero acontecimiento.
Los artículos que componen La investigación educativa. Una herramienta
de conocimiento y de acción son textos apasionados en los que
hay un “yo” como sujeto de pensamiento, de palabra y de la acción
de investigar “con” otros y otras y no meramente “a” otros y otras.
Y, al mismo tiempo, son producciones que retoman y resignifican
las preocupaciones más clásicas y legítimas de la investigación
social: la validez y la confiabilidad, los procedimientos técnicos
más clásicos y más innovadores en el campo (como la fotografía),
la construcción de datos, de estrategias de análisis y de sistemas
de categorías, la apelación a la teoría como herramienta de interpretación
y de contrastación, y la creación teórica como sentido necesario.
La construcción social del trabajo docente en nuestros países
deparó, sin duda, una contradictoria relación de los sujetos de
la enseñanza con la producción de conocimiento sobre su propia
labor; con la investigación y la escritura… Sujeta de/a la palabra
de otro, la docencia tardó décadas en hablar con una voz propia
–y todavía no lo ha logrado del todo–. Los inacabables debates
acerca de su carácter de “profesión” no son más que una expresión
de esa alienación… Se han vertido ríos de tinta en intentar “encajar”
la labor y el trabajo docentes en la definición clásica de “profesión”,
y los esfuerzos han sido vanos: el concepto no corresponde a la
tradición ni a las categorías con las cuales los/las docentes
se piensan a sí mismos/as. El concepto de “trabajador/a” parece
más cercano a la identificación del colectivo; sin embargo, también
es claro que resulta escaso (Oliveira, 2006)1.
Algunas de las pistas que los artículos del libro esbozan tienden
a marcar un modo de investigación que puede acercarnos a alternativas
diferentes. ¿Por qué insistir en deducir definiciones de la identidad
si podemos establecer interlocuciones directas y trabajos en colaboración
con los/las docentes que aproximen a la construcción de conceptos
más pertinentes? ¿Será que la docencia es “eso” que hacen los/las
maestros y maestras, profesores y profesoras? ¿Será que en nuestros
contextos los sujetos de la enseñanza se nombran como “docentes”
y ésa es la categoría que los define laboral y culturalmente?
Ahora bien, si de subjetivación se trata no podemos no reparar
en que, en realidad, estamos hablando, sobre todo, de “las” docentes…
Me animo a plantear y celebro que, aun sin nombrarlos, estos trabajos
revelen algunos puentes con las discusiones que el feminismo y
los movimientos políticos que rechazan una designación externa
a sus propias construcciones culturales vienen planteando a la
investigación social. Y creo que no es casual.
Por una parte, porque si bien los debates académicos transcurren,
fundamentalmente, en sus “campos de lucha”, también hay una arena
más amplia de discusiones en la que los desarrollos de los campos
suelen emparentarse; en general, a partir de la incomodidad con
las categorías y los métodos tradicionales. La crítica epistemológica
y metodológica al pensamiento positivista son producciones y antecedentes
en los que tanto la pedagogía crítica como el movimiento social
de mujeres han tenido una voz potente en la denuncia y en la producción
de alternativas. Tal como afirman Bolívar y Domingo (2006), “hay
una revisión en profundidad de nuestros saberes sociales (no sólo
sociológicos) ante el conjunto de fenómenos de ruptura de códigos
culturales e ideológicos de los sistemas de referencia convencionales.
[...] Así se compone un escenario que, desde diversos focos y
con distintas influencias y trayectorias (unas locales y otras
claramente internacionales), empieza a desarrollarse un movimiento
de los parámetros de la investigación social que se vehicula principalmente
desde la historia oral, la reivindicación política de vencidos
y minorías mayoritarias (mujer, campesinos o pueblo llano) y el
auge de la investigación sociológica de corte cualitativo”.
Pero no es casual tampoco porque la crítica del feminismo apuntó
a los modos de construcción del conocimiento académico de la pedagogía
que ignoraron sistemáticamente la producción continua y situada
de saberes educacionales de las docentes: saberes subyugados (Mignot
et alii, 2000), no “publicados” ni “publicitados”… escasamente
“públicos” por la definición organizativa que el trabajo docente
ha asumido. Las relaciones de género le dieron al trabajo docente,
en particular en la educación básica, una impronta en la que la
relación con el conocimiento y con la afectividad tendió más a
“sujetar” a las sujetas que a emanciparlas. Ignorarlo es perder
una perspectiva constitutiva de la identidad contradictoria del
trabajo… el lugar social de lo femenino que en la escuela tuvo
una prolongación considerada y estimulada como “natural”…
Pero las subjetividades que (se) escriben, ligadas por la lucha
alrededor de un proyecto democratizador para la investigación,
en los trabajos de este libro parecen estar unidas alrededor de
una cuestión aún más compleja: la transformación de la escuela,
entendiendo que ésta no va a ser posible sin que los y las docentes
se involucren en modos alternativos de trabajo institucional y
de participación en la construcción de conocimiento pedagógico.
La relación entre investigación y transformación educativas tiene
también una rica tradición de crítica y de producción de alternativas.
En este tema, los artículos transmiten una cierta confianza en
la premisa, pero también algo de desazón vinculada con las condiciones
de producción dada la configuración material y cultural del trabajo.
Es evidente que la cuestión del “tiempo” en un empleo que se precarizó
e intensificó en los últimos años, sobre todo en la Argentina,
es un problema nodal. Sin embargo, creo que también lo es, y no
menor, el todavía escaso trabajo “entre colegas”, en el cual circulen
experiencias e interrogantes, diferencias y acuerdos de manera
fluida. La estructura del trabajo (tiempos frente a estudiantes
y tiempos de preparación, estudio y producción) se vincula con
el primer problema. Probablemente la estructura burocrática, piramidal
y con escasas oportunidades de carrera no ascendente tengan que
ver con el segundo. Ambos órdenes de obstáculos, para nada insalvables
por otra parte, impiden que el optimismo sea exagerado…
Por último, y sin enfatizar la necesidad de una anacrónica determinación
de fronteras, creo que el libro es un aporte en nuestro menguado
campo académico educativo local, tan subordinado en los últimos
años a la producción internacional y, en cierta medida, también
dependiente de los desarrollos en otras ciencias sociales más
“tradicionalmente” volcadas a la investigación como la antropología
y la sociología… En la Argentina, es evidente que la intensificación
y precarización laboral, sumadas a una crisis económica descomunal
que redujo al mínimo las posibilidades de investigación y publicación,
también alcanzaron a la producción académica.
En un mundo violento y excluyente, un grupo de obstinados/as investigadores/as
sostiene el desafío de abonar a la intersujetividad democrática
en y a través de la investigación educativa… Está bueno, me parece.
Nota
1. Dalila Andrade Oliveira (2006) sostiene que “en la realidad
brasileña, habiendo pasado treinta años desde que hubo las grandes
manifestaciones que dieron origen a los sindicatos del magisterio
público, es posible constatar que los sindicatos no tuvieron éxito
en forjar la identidad de trabajadores de la educación, perseguida
en las luchas clasistas de los tiempos de dictadura”. En la Argentina,
es posible reconocer procesos similares sobre todo en el nivel
medio; asimismo, aun en los casos de mayor aceptación del concepto
de “trabajador/a de la educación” se encuentra en desarrollo un
modelo de sindicalismo con investigación y publicaciones académicas
propias.
Bibliografía
citada
Bolívar, Antonio & Domingo, Jesús, La investigación biográfica
y narrativa en Iberoamérica: campos de desarrollo y estado actual,
Septiembre 2006, Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative
Social Research [On-line Journal], 7(4), Art. 12. Disponible en:
http://www.qualitative-research.net/fqs-texte/4-06/06-4-12-s.htm
Mignot, Ana Chrystina Venancio, Bastos, Maria Helena Camara y
Cunha, Maria Teresa Santos, Refúgios do eu. Educaçao, história,
escrita autobiográfica. Florianópolis, Mulheres, 2000.
Oliveira, Dalila Andrade, “El trabajo docente y la nueva regulación
educativa en América Latina”. En Feldfeber, Myriam y Oliveira,
Dalila Andrade, Políticas educativas y trabajo docente. Nuevas
regulaciones,¿nuevos sujetos?, Buenos Aires, Noveduc, 2006.