Originalmente,
desde el imaginario social se condujo a la discriminación
de la persona con discapacidad, actitud que estaba fuertemente
enraizada en viejas concepciones que se tambaleaban entre lo mítico
y lo científico. La transformación social y educativa
en el mundo ha modificado aspectos vinculados con conceptos esenciales,
como lo es el del sujeto que se forma dentro del sistema educativo.
El compromiso que se adquiere con ese sujeto se asienta en la
necesidad de educarlo para vivir y aceptar la complejidad de lo
heterogéneo, respetando la instancia de ser distinto y
la relevancia que implica la intervención educativa a partir
de tales diferencias. Desde esta perspectiva, la integración
escolar es un derecho y forma parte de la estrategia global de
educación de calidad para todos, requiriendo de un currículo
flexible, que se adapte a las necesidades de todos, con respuestas
alternativas que respeten los diferentes tiempos de los alumnos
y no el tiempo prescripto por el currículo.
Desde las diversas instancias de discusión y consulta surge
la construcción, lenta pero de significativa importancia,
de nuevos paradigmas que generalizaron el concepto de necesidades
educativas especiales. Éstas sólo podrán
determinarse tras un proceso de evaluación amplio del alumno,
del contexto escolar y sociofamiliar. Requerirán ayudas,
apoyos, recursos y adaptaciones pedagógicas y curriculares
que son especiales, en tanto no son habituales ni están
previstas en el ámbito escolar donde se desenvuelve un
alumno.
Esta temática de la integración escolar como necesidad
de capacitación ha sido sistemáticamente planteada
desde distintos niveles del sistema educativo, fundamentalmente,
desde aquellos docentes que no pueden hacer frente a la necesidad
de contar con otros recursos y estrategias a fin de asegurar la
educación de todos sus alumnos en un marco de integración
y participación en la sociedad.
Existen necesidades educativas comunes, compartidas por todos
los alumnos, que hacen referencia a los aprendizajes esenciales
para su desarrollo personal y socialización, y que están
expresadas en el currículo escolar.
Sin embargo, algunos alumnos presentan necesidades educativas
especiales que obstaculizan su acceso a los aprendizajes y su
desarrollo escolar, por lo que requieren poner en marcha una serie
de ayudas, recursos y medidas pedagógicas especiales o
de carácter extraordinario distintas de las habituales.
Estas necesidades constituyen las necesidades educativas especiales.
La obra tiene por finalidad brindar un espacio de experiencias
que promuevan la reflexión, y que, mediatizadas por los
nuevos paradigmas planteados, faciliten la construcción
de nuevos saberes. El conocimiento de otros recursos y otras estrategias
que lleven a valorar la diversidad con relación a la atención
de niños con necesidades educativas especiales, en nuestro
caso con discapacidad visual, exigen un cambio complejo que afecta
la forma de pensar y de hacer de los profesionales de la educación.
Tal vez resulte poco original señalar que, en los tiempos
que corren, las instituciones deben adecuar su funcionamiento
a las necesidades educativas de la población escolar, teniendo
en cuenta las nuevas orientaciones pedagógicas que responden
a los derechos del discapacitado a educarse e integrarse a la
comunidad en la que viven.
Considerando estos derechos, es que los establecimientos educativos
deben ampliar permanentemente sus servicios, adaptándose
a los requerimientos de esta sociedad dinámica y cambiante.
Resulta obvio que al mencionar a los establecimientos educativos
estamos incluyendo a los docentes y el “nuevo rol”
que, en no en pocas ocasiones, deben cumplir sin la preparación
suficiente.
Por ello, se hace imperioso formar agentes multiplicadores que
puedan informar y formar conciencia acerca de la necesidad de
respetarnos y aceptarnos tal cual somos, con nuestras diferencias,
ya que son éstas las que nos distinguen y nos hacen más
interesantes como personas.
Cuando los docentes tienen información clara y precisa
(en nuestro caso sobre la discapacidad visual), se transforman,
junto a la familia, en la principal vía de detección
de posible déficit visual. La información es el
primer paso para liberarnos de los prejuicios ocasionados, de
los supuestos que construye la sociedad sobre lo que se reconoce
como diferente y, por tanto, inaccesible, inabordable.
El docente informado cumple perfectamente con el rol de agente
multiplicador y se transforma en un verdadero agente de cambio
social. De ahí que la presente obra tiene por objeto no
sólo informar, sino formar conciencia sobre la necesidad
de aceptarnos tal cual somos.
Quisiera compartir con los lectores un hecho real que no es el
único, que resalta y comprueba el valor y el compromiso
de una docente de nuestra provincia.
Corría el año 1996, llevábamos aproximadamente
un año y medio de la creación del Servicio de Ciegos
y Disminuidos Visuales de la ciudad de Esquel (único hasta
hoy en toda la cordillera chubutense). Por aquellos años
era fundamental llegar –a través de la difusión
en los medios masivos de comunicación– a la mayor
cantidad de localidades del interior de nuestra provincia para
informar acerca de nuestro rol. Fue así como muchas escuelas
comenzaron a contactarnos para evacuar dudas sobre niños
con problemas de visión. Cecilia V., una docente de la
localidad de Cholila, distante aproximadamente cien kilómetros
de nuestro servicio, había observado con cierta preocupación
a un niño de ocho años, de la localidad, que no
estaba escolarizado, que pasaba los días en su hogar, sin
compartir juegos y aprendizajes escolares con los niños
de su edad. Gran parte de la población conocía al
niño, a su familia y su realidad, pero tal vez su ceguera,
el desconocimiento de la forma de llegar a él y a su familia,
paralizó a más de un habitante de aquella localidad.
Entonces, sólo bastó la firme convicción
de una persona.
Los primeros contactos entre la docente y nuestro servicio se
hicieron en forma telefónica, Las preguntas de la docente
acerca de las posibilidades educativas del niño se multiplicaban
con cada llamado. El primer paso estaba dado: alguien deseaba
informarse para poder actuar. Los primeros encuentros no fueron
sencillos, debíamos tomar decisiones que involucrarían
a la familia, a docentes, directivos y comunidad en general. Me
estoy refiriendo concretamente al traslado del niño a Esquel
para comenzar sus primeros pasos en las áreas que son específicas,
entre ellas el sistema Braille (lecto-escritura para ciegos) y
su posterior ingreso a la escuela común.
En todo este camino que tuvimos que recorrer, la parte más
complicada estuvo a cargo de la docente Cecilia, quien debió
hacer frente a las dudas generadas por desconocer acerca de la
discapacidad y, lo que resultó aún más complejo,
transmitir al resto de la comunidad educativa las posibilidades
del niño. Lógicamente el camino no fue, no es, ni
será sencillo para el niño, su familia, Cecilia
y las otras docentes que acompañaron el proceso a lo largo
de todos estos años.
Para Cecilia, lo aquí relatado tal vez sea un hecho más
en su extensa y rica vida docente. De lo que sí estoy seguro
es que este acto de amor, de entrega, de profesionalidad, adquirió
tal trascendencia que sirvió para marcar un antes y un
después en mucha de las personas que intervinieron en la
educación de este niño (hoy, un joven que cursa
el noveno año de la educación básica). A
través de esta breve historia he querido rendir mi humilde
homenaje a todos los docentes de nuestra provincia que a diario
luchan por una sociedad más justa para todos.
Volviendo a la obra, en ella se describen aspectos relacionados
con la integración escolar de los alumnos con discapacidad,
con la finalidad de brindar al lector un espacio que promueva
la reflexión y facilite la construcción de nuevos
saberes. Se pone énfasis en la urgente necesidad de introducir
conocimientos sobre recursos y estrategias que lleven al docente
a valorar y sensibilizarse ante el tratamiento de la diversidad,
que debe presidir la educación de las personas con discapacidad
visual.