Jugar de un modo lĂșdico
Extracto
del prólogo de Luis Felipe Brito Soto (México)
“Ensayar
nuevos modos de observación
de los juegos infantiles en los patios escolares,
mediando un cambio de actitud en el docente
que incorpore el punto de vista del jugador.”
Víctor Pavía
Siempre
he creído que un rasgo central de los profesionales que
utilizan al juego como recurso y estrategia didáctica -caso
por ejemplo de los educadores físicos- tiene que ver con
tres características; conocer, explicar y comprender lo
que se hace, para qué y cómo se desarrolla dentro
del campo.
Ser un profesional requiere, desde mi perspectiva, saber tomar
decisiones y elegir los contenidos que han de trabajarse y saber
cómo y de qué manera aplicarlos. En este sentido,
en Jugar de un modo lúdico encuentro ideas para escribir
de un modo lúdico y tangencialmente brindar elementos para
abonar aquellas tres características que han de profesionalizar
con mayor profundidad nuestras decisiones y, por tanto, ser menos
arbitrarios en nuestra intervención y labor docente.
¿Por qué es necesario conocer, explicar y comprender
nuestro trabajo?, ¿son rasgos que deben considerarse como
pautas profesionales?, ¿a qué jugamos? Las respuestas,
de carácter lábil, pueden confundir a muchos que,
avasallados por el practicismo inmediatista y juegos trillados,
se encandilan con la significación figurada -insinuadora
de ambientes- del término juego, y dan un sentido indiscriminado
a los “juegos” que hacen los adultos y, sin averiguación
previa, los trasladan a los niños, “¡qué
importa, si sólo están jugando…!”
Para consolidar el conocimiento de nuestra acción docente,
y para acercarnos a contestar a los interrogantes arriba señalados,
y temerariamente asumir un juego con sesgo autotélico,
es preciso develar, junto con Pavía -coordinador de este
trabajo-, que el “modo” de jugar es el punto focal
para centrar nuestro interés, y guardar cierta distancia
a la “forma” de los juegos -su estructura, la apariencia
singular, su configuración general, el conjunto de sus
formalidades-. El modo, siguiendo al autor, es esa forma personal
que el jugador elige al jugar, decisión que encierra tanto
una libertad [Niños (N): ¿Maestro hay que jugar
a…?] como la sintonización con determinadas actitudes;
en el modo, yace una disposición que conjuga lo cognitivo
con lo social, y lo individual con lo colectivo. Y esto, ¿por
qué debemos conocerlo?, ¿en qué radica la
diferencia entre saberlo o no?, ¿por qué jugar de
esa manera? La respuesta la anima Pavía cuando sentencia:
preguntemos menos qué es el juego y más qué
es jugar… qué hay que saber para invitar a jugar
de un modo determinado [Maestro (M): ¡¡No vamos a
jugar, primero tenemos que trabajar!!].M): ¡¡No vamos
a jugar, primero tenemos que trabajar!!].
Me uno a los autores del presente texto para avanzar y jugar en
la puntualización conceptual, para contribuir a la construcción
del debate con la finalidad de hallar y aportar consistencias
que nos permitan tener más argumentos para conocer nuestra
labor y las posibilidades para vislumbrar el modo de jugar. Refrendo
y hago interpretaciones y reinterpretaciones de algunos puntos
de vista de los autores que tenemos entre las manos. Para organizar
esta ruta, propongo tres escenarios: a) discurrir entre el saber
eminentemente práctico y la posibilidad de indagar en esa
práctica e interrogarla, al tiempo de señalar características
generales y hallazgos en torno al conocimiento de lo lúdico;
b) encontrar los puntos de vinculación entre ese saber
hacer y las explicaciones teóricas, es decir, dar un poco
cuenta de la oralidad en las prácticas; y c) como dice
Pavía: que la escolarización del juego no acabe
con la posibilidad de aprender a jugar de un modo lúdico,
argumento al cual me adhiero y que apela, desde mi punto de vista,
comprender lo que hacemos. Con Pavía al timonel, inicio.
Luis
Felipe Brito Soto
Especialista de Educación Física
Subsecretaría de Educación Básica
México
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