El patio escolar: el juego en libertad controlada
Un lugar emblemático. Territorio de pluralidad

Esta
obra expone los resultados de un estudio que partió de
un interés general por el juego y derivó en una
interpretación de las cualidades del patio escolar y sus
modos de uso como espacio cotidiano de recreo. La indagación
recorrió fronteras imprecisas entre lo arquitectónico
y lo pedagógico, lo recreativo y lo educativo, lo motriz
y lo social, lo objetivo y lo subjetivo, abordando las teorías
y políticas de la recreación, un campo en construcción.
Los trabajos sobre el patio escolar de recreo han sido realizados
desde disciplinas consolidadas: sociología, antropología,
psicología, economía y arquitectura. Un poco menos
desde la pedagogía, siempre renuente a valorar la holganza.
No propugno la construcción de un modelo único de
patio escolar, sólo pretendo aportar elementos epistemológicos
y metodológicos para construir una visión general
y aproximada de un territorio plural y que éstos resulten
útiles para que un colectivo escolar discuta su patio de
recreo o para que funcionarios y planificadores revisen los criterios
con los que diseñan los espacios de juego que se les ofrecen
a los niños.
Durante el desarrollo de la tarea, sentí constantemente
la necesidad de ayuda y la asistencia me llegó siempre,
generosa, oportuna y desinteresada. En plan de agradecer subrayo,
en primer lugar, la presencia misteriosa de dos compañeros
de mi infancia: un arroyo con su sauce y una diminuta serranía.
Ellos me enseñaron el valor de la libertad y del recreo.
Tuve también una escuelita que me ofreció su patio,
escueto refugio encajado en una loma rebajada a pico. En ese tajo,
los díscolos sobrellevábamos frecuentes penitencias.
Inmóviles, de cara al muro de piedra, dejábamos
que la imaginación vagara por hendiduras y vetas de colores
como en un mandato leonardino.1 Valoro la compañía
de otro escenario más próximo en el tiempo, el parque
de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad
del Comahue, donde, junto con estudiantes del Profesorado de Nivel
Inicial, pensábamos en los problemas de los espacios escolares
de juego y en una forma de entender lo educativo más allá
de los límites estrechos del aula. Conté con el
apoyo siempre oportuno de los docentes de la Maestría en
Teorías y Políticas de la Recreación de la
Universidad Nacional del Comahue, especialmente de Rolando Zamora,
Demetrio Taranda, Roberto Follari, Juan Carlos Mantero, Anaida
Meléndez, Juan Samaja y Enrique Valiente. Para obtener
información empírica tuve la colaboración
del equipo del Jardín de Infantes Integral N° 6 de
Neuquén Capital; especialmente de su directora, María
Marta Marcote, del profesor de educación física,
Alberto Garriz, de la maestra de sala Myrian Almeida; de la escuela
primaria N° 124 de Centenario, especialmente de su director
Roberto Villegas, de la profesora de educación física,
Carolina Carrascosa, de la maestra de sala, Soledad Salaburu;
tanto como de las estudiantes del Profesorado de Nivel Inicial:
Roxana Morales Olivares y Patricia Castro y de la Licenciatura
en Educación Física: Noelia González, Marcos
Masip, Silvana Schuster, Maximiliano Serer, que participaron con
entusiasmo en los registros. La redacción del primer informe
tuvo la opinión crítica de Elena Valasina, Silvia
Pérez, Malena Aguilar y Alejandro Delucchi. No menos valiosa
fue la presencia de Reynaldo Reatti, que diseñó
la base de datos para el segmento cuantitativo de la investigación
y la de José Bacigalupo, que aportó bocetos e ilustraciones.
En el plano de los apoyos familiares, agradezco la asistencia
de Juan Pablo, un objetivista de ley, que sospechó siempre
del lenguaje subjetivo de este estudio, aunque tuvo la gentileza
de decírmelo como si fuera un elogio (mientras colaboraba
con la corrección del texto); de María Adela, que
le restó tiempo al descanso de sus responsabilidades como
directora de un instituto superior de formación docente
para escuchar pacientemente mis desventuras de escritor; de María
Laura y Luciana, quienes, aunque desentendidas de semejante preocupación
académica, en los momentos de zozobra estuvieron cerca
para recordarme que la vida tiene también otras cosas tan
valiosas como terminar con éxito una investigación.
En la misma dimensión de los apoyos entrañables
y primordiales, se ubica mi director de tesis. Además de
su peculiar y efectivo modo de orientar el trabajo, le debo a
Alfredo Furlán un oportuno gesto de confianza. Cuando en
un encuentro circunstancial le comenté las dificultades
que tenía para conseguir director de tesis debido a la
temática y metodología de trabajo, Alfredo me dijo:
“Si te parece nos lanzamos”, y en la generosa sonoridad
del “nos” quedaron resueltos los temores iniciales.
A tantos, muchas gracias.
Nota
1. Bachelard recuerda que Leonardo de Vinci recomendaba a los
pintores faltos de imaginación que contemplaran con ojos
soñadores las grietas de un viejo muro (1997).
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