JUEGO
Y APRENDIZAJE ESCOLAR
Prólogo
de Lidia Penchansky de Bosch
Anular
la espontaneidad del juego infantil con el aprendizaje escolar
Las
demandas de cambios en la educación, adecuados a los distintos
requerimientos de la sociedad actual, tanto en las relaciones
humanas como en las condiciones materiales en que vive el niño
en nuestros días, exigen, a la acción educativa
en todos los niveles, propuestas acordes con estas circunstancias.
En el Nivel Inicial, en donde el juego es la actividad privilegiada
de los niños, estudiar a éste en el contexto escolar
resulta ser la fuente más rica y efectiva para extraer,
de su análisis, conclusiones para la acción del
maestro.
La exploración del juego resulta útil como base
para incorporar propuestas didácticas adecuadas, tanto
a las características del niño como a las funciones
y objetivos que se le asignan en la actualidad al Nivel Inicial.
Incorporar esta perspectiva exige, al docente del nivel, un cambio
radical con respecto al rol que cumplía orientado por teorías
pedagógicas que lo ubicaban tan sólo como preparador
y estimulador del juego, sin tener participación en él.
Aunar la espontaneidad del juego infantil con el aprendizaje escolar
es una tarea en la que a la maestra jardinera le cabe una activa
participación. En tal sentido, el papel pasivo que se le
asignaba, hasta el presente, en la mayoría de las propuestas
pedagógicas, debe cambiar y transformarse en el de un participante
activo. Jugar no implica que el docente pierda el rol específico
de enseñante.
Al menos en el discurso y en las propuestas teóricas, el
juego ha sido mencionado como eje y sostén de una didáctica
para la educación infantil, intentando superar su consideración
como simple diversión del niño o por su necesidad
de descarga motriz. En la realidad concreta de la acción
educativa que realiza en la sala, es unánime el juicio
de que allí tiene poco lugar el juego como actividad placentera
para el niño. Sin embargo, correspondería insistir
en considerar a éste como el principal paradigma del método
y de los recursos a utilizar en el Nivel Inicial. Este paradigma
aparece en la mayoría de las concepciones pedagógicas
-desde las de los precursores mismos- que fundamentan la didáctica
de la educación infantil, y no ha perdido su vigencia.
Creemos que el juego es el tronco de un árbol fecundo al
cual las nuevas situaciones que ha creado el progreso le han extendido
ramas, en las que se pueden cobijar las necesidades cambiantes
de una sociedad imprevisible.
Patricia Sarlé ha volcado en este libro sus conocimientos
académicos y su experiencia como docente en instituciones
del nivel y en institutos formadores de maestras jardineras. Es
éste un meditado estudio, apoyado en la investigación,
sobre el juego del niño en el Jardín de Infantes
y el papel que le cabe al maestro frente a las nuevas propues-tas
pedagógicas. Nunca más oportuno que, en este comienzo
de siglo, plantear el lugar del juego y las características
que debe revestir, a los fines de cumplir con los objetivos del
nivel, sin desvirtuar el sentido que aquél tiene para el
chico.
Vivimos en un mundo en que el niño y su ambiente se hallan
asediados por influencias que afectan al núcleo de su personalidad
en formación: por un lado, los efectos directos o indirectos
de los medios masivos de comunicación -la televisión
en especial- y, por otro, la actitud de los padres, que en sus
deseos de asegurarles un futuro promisorio depositan en las instituciones
educativas sus expectativas. En este sentido, la pedagogía
contemporánea ha respondido con propuestas -la más
novedosa incluye la introducción de contenidos disciplinares
en el currículo del nivel inicial- que pueden hacer desviar
el sentido de la acción educativa del primer escalón
del sistema educativo hacia características que no corresponden
a él. Este panorama, en cierto modo, ha desorientado a
los docentes, porque les exige adoptar una actitud diferente a
la que siempre han tenido. Se ven ante la problemática
de aunar el juego, con sus características propias, con
la enseñanza de contenidos disciplinares; por lo tanto,
les cabe un nuevo papel.
Desde muy pequeño, el niño incorpora los valores
y actitudes que observa en su medio. La educación sistemática,
que comienza en esta etapa, se ocupa de su desarrollo individual
y de provocar en él los aprendizajes que le permitan integrarse
progresiva y activamente al medio en que vive. Las modernas concepciones
pedagógicas postulan que los contenidos de las distintas
áreas del saber -contenidos disciplinares- puedan incluirse
como iniciación, obviamente teniendo en cuenta el nivel
de comprensión del niño, así como el bagaje
de conocimientos que tiene y en los cuales aquéllos se
pueden apoyar.
Por este libro transitan las más modernas ideas sobre la
didáctica de la educación infantil y sus fundamentos,
exponiéndolas ante la situación social que vive
el mundo de hoy. No presenta una nueva teoría para la didáctica
sino que analiza concepciones ya conocidas por los docentes, tales
como las que se encuentran en las teorías de Vigotski,
Piaget o Bruner. De este último, se refiere en forma muy
especial a su concepto de formato.
La autora no se propone analizar estrictamente el significado
del juego en el niño, sino el lugar que éste tiene
en el Nivel Inicial. Para esto, trató de encontrar algunas
categorías en las que el juego, como expresión del
niño y condición para desarrollar las prácticas
de enseñanza, pueda tener incidencia en la enseñanza.
Asimismo, en relación con el maestro, su propósito
fue encontrar una orientación práctica para su intervención
en la enseñanza de contenidos a través del juego,
sin contrariar la naturaleza que le imprime el niño a éste.
Para desarrollar esta problemática, Patricia Sarlé
ha elegido el juego dramático y uno de los contenidos que
se desarrollan en el Jardín como parte del saber lingüístico,
incluido en el currículo. La elección del juego
dramático para la investigación realizada es un
acierto, porque permite la intervención activa del maestro
y, a través de ella, hay un lugar no sólo para interiorizarse
del actual pensamiento del niño, sino también para
explorar situaciones en las que la zona de desarrollo próximo,
a la que alude Vigotsky, pueda ser percibida.
A través del juego dramático se pueden observar
actitudes y pre-ferencias de los niños y el hecho de que,
en la actualidad, éstos se hallan, por lo general, más
adelantados en la descripción de acciones que los propios
maestros.
Por otra parte, el juego dramático en el Jardín
le da la posibilidad al docente de intervenir no sólo como
observador sino también como iniciador y en el mantenimiento
del juego para que su desarrollo no decaiga. La actitud del observador
participante es altamente valorada por el niño, que ve
en él al compañero que sabe más y en el cual
se puede apoyar sin temor a equivocarse, porque se ha transformado
en un igual.
Patricia Sarlé no cree que el juego en la sala sea "una
especie en extinción", pese a que en el currículo
del Nivel se hayan agregado contenidos que siempre se han considerado
como correspondientes a un nivel superior. No es cuestión
de transformar precozmente al Jardín en un "primerito",
olvidando las características de la enseñanza que
siguen siendo valederas para el Nivel: la consideración
del desarrollo actual del niño, el bagaje que éste
trae de su ambiente y, a través del juego, de la compenetración
del maestro como observador participante, la extracción
de las propias conclusiones para planificar la acción educativa
aplicable al grupo de niños a su cargo.
El mérito de este libro es especialmente remarcable porque,
fundamentalmente, su autora ha asociado las teorías sobre
las prácticas de la enseñanza junto a una realidad
práctica en un aporte pocas veces ofrecido a la maestra
jardinera o a los especialistas en educación infantil.
Esta investigación puede ser el punto de partida para emprender
otras que permitan construir una didáctica renovada para
la educación infantil, sin desvirtuar la identidad propia
de éste, en la cual el juego del niño y la enseñanza
de contenidos -objetivo ineludible en la pedagogía contemporánea-
se transformen en el paradigma de una buena enseñanza.
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