Juego
y aprendizaje escolar
Los
rasgos del juego en la educación infantil
Niños,
maestros e investigadores: jugar en la escuela
Patricia Sarlé
Kindergarten,
preescolar, jardín de infantes, guardería, jardín
maternal, nursery, sala cuna, escuela infantil son algunos de
los nombres que recibe el primer nivel del sistema educativo argentino.
La diversidad de nombres no es casual. A lo largo de su constitución
como institución escolar, las escuelas dedicadas a la primera
infancia y la niñez asumieron diferentes funciones, en
su mayor parte asistenciales o complementarias de la familia,
además de la función educativa.
A lo largo de los años, y especialmente desde finales de
la década del ochenta, las escuelas infantiles han tratado
de definir su identidad, buscando superar la imagen de preparatorias
para la escolaridad, complementarias de la acción familiar
o simple acompañantes del desarrollo evolutivo del niño
pequeño. Esta búsqueda por la identidad está
unida a la necesidad de definir el saber a enseñar en los
dos ciclos que lo conforman (el Jardín Maternal y el Jardín
de Infantes).
Buscando responder a esta pregunta, los diseños curriculares
elaborados en los últimos años han optado por un
a organización y selección de contenidos desde las
didácticas disciplinares -matemática, lengua, literatura
infantil, ciencias sociales, ciencias naturales, plástica,
expresión corporal, educación musical y educación
física- (MCBA, 1989, 1995, 1999; Río Negro, 1992;
CBC - NI, 1994). Esta opción político administrativa
de organizar el currículo por disciplinas derivó
en una búsqueda de nuevas prácticas de enseñanza
capaces de ayudar al niño a apropiarse de los contenidos
de enseñanza, y a organizar y comprender la realidad en
la que vive, según las normativas emanadas de las diferentes
disciplinas.
Una rápida recorrida por las salas que reciben niños
de cinco años pondría en evidencia que estas nuevas
actividades parecen estar "reñidas" con algunos
aspectos típicos de la educación de 0 a 6 años.
En muchos casos, al tomar como referencia estrategias didácticas
propias de la escolaridad básica, las orientaciones responden
vagamente a la forma de trabajo de la educación infantil.
Se advierte cómo estas prescripciones y normativas didácticas,
focalizadas en la especificidad disciplinar, van modificando las
prácticas cotidianas y los fundamentos sobre los cuales
se estructuran.
La problemática de la enseñanza aparece tratada,
analizada y explicada desde el campo de las didácticas
disciplinares y el desarrollo cognitivo del niño pequeño,
mientras que el juego y las actividades vinculadas con la socialización
quedan en un segundo plano o relegados a las salas que atienden
a niños más pequeños. Ante este estado de
situación, nos preguntamos: ¿cuáles son las
particularidades de la escuela infantil que la diferencian de
la escolaridad básica?; ¿se enseña de la
misma manera en estas dos instituciones? Buscando caminos que
permitan especificar el campo de la educación infantil,
nos encontramos con la necesidad de tematizar algunos conceptos
"claves" que nos permitan leer y describir mejor las
prácticas de enseñanza en el contexto de la escuela
para niños pequeños, al mismo tiempo que nos faciliten
el análisis y la construcción de propuestas para
la enseñanza de contenidos escolares. Este trabajo se torna
crucial dada la multiplicidad de recetas de actividades que se
ofrecen a diario a los maestros y que no resuelven el problema
de fondo.
Para iniciar este camino, elegimos el juego. La elección
del juego, como concepto clave de la educación infantil,
no es casual. Desde su creación, el Jardín de Infantes
definió al juego como uno de los aspectos fundamentales
de su organización y forma de trabajo. La imagen del Jardín
de Infantes se presenta como un espacio para "hacerse de
amigos y jugar". Frases tales como: "al jardín
se va a jugar", "son muy chiquitos para entender",
"la maestra es la segunda mamá", "lo importante
es que los atiendan bien y se hagan de amiguitos", actúan,
muchas veces, como "obstáculo epistemológico"
(Bachelard, 1984) a la hora de precisar la función educativa
del Jardín de Infantes y diferenciar juego y trabajo escolar.
En el Jardín "siempre se juega", pero ¿cómo
se juega?, y más aún, cuando se juega, ¿se
enseña?
Responder algunas de estas preguntas y transformar al juego en
la escuela infantil en objeto de estudio requirió superar
el obstáculo de lo que ya sabíamos sobre la importancia
del juego en la infancia y en la escuela. Parafraseando a Alicia
en el país de las maravillas, tuvimos que dejarnos sorprender
por lo que parecía común, pero no lo era: "La
cosa no tenía nada de muy especial; pero tampoco le pareció
a Alicia que tuviera nada de muy extraño que el conejo
dijera en voz alta: ´¡Ay! ¡Ay! ¡Dios mío!
¡Qué tarde voy a llegar!´ (cuando lo pensó
más tarde, decidió que, ciertamente, le debía
de haber llamado mucho la atención, más en aquel
momento todo le pareció lo más natural); pero cuando
vio que el conejo sacaba, además, un reloj del bolsillo
del chaleco, miraba la hora y luego se echaba a correr muy apresurado,
Alicia se puso de pie de un brinco al darse cuenta repentinamente
de que nunca había visto un conejo con chaleco y aún
menos con un reloj de bolsillo" (Carroll, L., 1990: 31-32).
Jugar en el patio o en las aulas, como actividad común
de los niños o propuesta por sus maestros, tuvo que ser
cuestionada y mirada de otra manera. Aquellas situaciones que
hasta el momento parecían evidentes debieron ser problematizadas
en un proceso de búsqueda y reflexión que no nos
hiciera quedar atrapados en el sentido común, ni transformara
la opinión en la única respuesta (Bachelard, 1984).
El aporte principal de este trabajo se centra en la posibilidad
de arrojar luz sobre las formas que asume el juego en el contexto
de la escuela infantil, y desde allí abrir una puerta para
comenzar a enunciar las condiciones que la escuela debe ofrecer
para que se produzca el encuentro en el juego (como facilitador
y escenario de confrontación) de los contenidos de enseñanza,
propios de los marcos conceptuales del mundo cultural y los conocimientos
con que cuenta el niño, en el escenario actual del debate
de la didáctica.