Para esta psicóloga y terapeuta familiar especializada
en orientación vocacional, la muy actual falta de autoridad en
el seno de las familias, la ausencia de contención y de diferenciación
en los roles familiares e incluso el registro de papeles invertidos
–con hijos que mandan y padres que obedecen– dejan a los jóvenes
en un estado de apatía y desinterés general, les produce dificultades
para entusiasmarse, para apasionarse y entregarse sostenidamente
a un objetivo, y les provoca temores y conductas fóbicas que obstaculizan
sus estudios. Sostiene la entrevistada que una verdadera reforma
educativa no puede seguir apuntando exclusivamente a definir los
contenidos de la enseñanza, sino que se debe dar prioridad al
acompañamiento de las familias, para ayudarlas a construir nuevos
modelos de contención y diferenciación que permitan a los hijos
asumir una actitud de mayor compromiso frente al aprendizaje.
Messing dirige desde 1992 la Escuela de Posgrado
en Orientación Vocacional Vincular-Familiar, y es conferencista
y docente en universidades nacionales y privadas, además de autora
de numerosos trabajos teóricos de investigación y divulgación
sobre esta temática.
Entre sus libros figura Desmotivación,
insatisfacción y abandono de proyectos en los jóvenes,
editado por Noveduc, dentro de la colección Familia/s,
dirigida por Eva Giberti.
- ¿Es un problema nuevo?
- La desorganización y desconcentración son nuevas
problemáticas del aprendizaje. Se intenta muchas veces acallarlas
cediendo a la creciente presión de los laboratorios, en favor
de la medicalización de los niños. Una de las fuentes de ese deterioro
es la posición de simetría y paridad que los padres transmiten
a sus hijos, sin advertirlo. Las dificultades de contención familiar
provocan impulsividad y desorganización.
- ¿Se puede decir que hoy
muchos jóvenes carecen de recursos para vencer las dificultades
de la vida universitaria?
-
La falta de límites y jerarquías se traduce en un deterioro de
sus funciones lógicas, lo que, luego, impide o dificulta la comprensión
y el manejo de las categorías abstractas de los estudios superiores,
como se observa en los fracasos masivos en el ingreso en las universidades
nacionales. Allí se pone en evidencia que los jóvenes egresan
de la escuela media sin haber incorporado las competencias básicas
para ingresar en la universidad. Es alarmante percibir hasta qué
punto estos rasgos de simetría y autoritarismo transmitidos consciente
e inconscientemente se manifiestan cada vez más temprano en los
jóvenes, produciendo daños importantes. Hoy los niños dan órdenes
a sus padres, deciden acerca de los profesionales con los que
desean ser atendidos, intentan resolver situaciones familiares
problemáticas, mientras padecen paralelamente graves problemas
de aprendizaje, terrores fóbicos paralizantes, situaciones de
estrés y frecuentes dolores de cabeza por la "adultez"
e hiperexigencia en la que se ubican.
- ¿Esto influye más tarde en las elecciones
vocacionales?
- Claro. Pero no se trata de la tradicional desorientación
vocacional por falta de información sobre las carreras o por mandatos
familiares. Estamos hablando de nuevas sintomatologías emocionales,
de una gran desconexión emocional que deja a los jóvenes en un
estado de apatía, desmotivación y desinterés general, con dificultades
para entusiasmarse, para apasionarse y entregarse sostenidamente
a un objetivo.
- ¿Cuál es el origen de estos nuevos fenómenos?
- Son resultado del impacto de las profundas transformaciones
del contexto social, histórico, cultural, laboral y educativo,
y de las gravísimas dificultades que tienen los padres en este
contexto para construir modelos de contención. La pérdida de la
seguridad en la condición salarial, en el marco de un Estado debilitado
en su función reguladora, arrastra al conjunto de sus instituciones,
y muy particularmente a la familia y a la escuela. Se cede al
mercado de consumo y a los medios masivos de comunicación parte
de la función estructurante y se propone una cultura de la inmediatez,
el consumismo, hedonismo, individualismo, narcisismo y facilismo.
- ¿Los padres han flexibilizado demasiado
sus papeles?
- Más allá de los múltiples cambios de la familia
actual (familias ensambladas, consensuadas, monoparentales, etcétera)
y de la dosis de autoritarismo y violencia que todavía persiste,
existen denominadores comunes, que pasan por la mayor cercanía,
confianza y demostración afectiva en el vínculo entre padres e
hijos. Pero esta proximidad en el vínculo con los hijos, que ha
sido una gran conquista, porque ha barrido con el miedo y la distancia
de épocas anteriores, no se ha podido acompañar con la construcción
de buenos modelos de contención y diferenciación. Los padres establecen
con sus hijos vínculos cercanos y afectuosos, pero a la vez simétricos
e indiscriminados. Los padres transmiten inconscientemente una
posición de paridad con sus hijos, que genera en la interacción
con el medio externo múltiples sintomatologías actuales.
- ¿Es más difícil sostener la autoridad
de los padres en un mundo sin certezas?
- La autoridad de los padres es mucho más difícil
de sostener en un mundo atravesado por la incertidumbre, la inseguridad
social y laboral, la falta de garantías y certezas, donde los
únicos apoyos son los propios valores y la propia percepción.
Los límites ya no se pueden establecer autoritariamente, por decreto,
sino que tienen que ser reconocidos y aceptados para ser internalizados,
lo cual implica un arduo trabajo de coherencia y consistencia
por parte de los adultos, que deben aprender a trabajar en conjunto.
- ¿Cómo se revierte este cuadro?
- El desconocimiento de la simetría instalada
en los vínculos familiares actuales es un factor que dificulta
enormemente la construcción de nuevos modelos de contención y
autoridad dentro de las familias. El restablecimiento del contacto
comunicativo y la expresión de los afectos permite salir de la
desconexión emocional. El ejercicio del respeto y la renuncia
al maltrato y la violencia en la comunicación hacen que los jóvenes
recuperen el respeto por sus propios intereses vocacionales. La
reincorporación de los padres como figuras protectoras permite
la salida de las situaciones fóbicas que la situación de aprendizaje
y el compromiso con una carrera despiertan. La recuperación de
la jerarquía grande-chico permite establecer jerarquías y elegir
entre los propios intereses para poder llegar a una decisión.
El aprendizaje de una posición activa en la comunicación, a través
del ejercicio de la insistencia, el pedido y la expresión de las
propias emociones sin sometimiento ni desubicación, prepara a
los jóvenes para vencer los obstáculos de la vida universitaria
y también de la vida laboral.