Nota de prensa


Entrevista con Silvia Dubrovsky, Directora de Educación Especial de la ciudad de Buenos Aires
"Hay casos en que es necesario que los chicos reciban educación especial"

Diario Clarín, Sección Sociedad, Domingo 6 de mayo de 2007. Buenos Aires, Argentina

 

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La integración escolar como problemática profesional

Silvia Dubrovsky

 

En El último año, 555 alumnos discapacitados participaron en proyectos de integración en escuelas comunes públicas del Gobierno porteño. Esta tendencia, cada vez más creciente, provoca que en las aulas se vivan nuevas experiencias educativas. La directora de Educación Especial del Ministerio de Educación porteño, Silvia Dubrovsky, lo celebra: "Nuestra escuela tiene una larga historia de homogeneización. Así, por décadas, al distinto se lo marginó a escuelas especiales. Por lo que la educación especial estuvo siempre desconectada de la llamada común. Eso cambió en los últimos años, cuando se empezó a entender, de una vez por todas, que todos los chicos están incluidos en el mismo sistema educativo. Hoy la integración existe como una política pública y nadie imagina que un chico con discapacidad motriz asista a una escuela especial. Incluso, cada vez resulta más frecuente la experiencia de jóvenes sordos que asisten al secundario común. Es un gran avance".—¿En todas las discapacidades se puede aplicar la integración?—Más que determinar qué tipo de discapacidad puede integrarse, prefiero hablar de las particularidades. Cada chico tiene una historia y trayectoria que avala o no llevar adelante un proyecto de integración. El Estado debe garantizar distintos recorridos académicos según las características de los alumnos. Son las familias y los especialistas los que deben decidir qué tipo de educación conviene en cada caso.—No hay recetas, entonces.—Claro. Existen tantos proyectos como cantidad de alumnos participantes. Además, también tenemos los llamados casos de "autointegrados". Estos son los papás que inscriben a sus hijos en escuelas comunes y las autoridades advierten la necesidad de un apoyo específico.—¿Con qué grado de éxito se integran a la escuela común?—Antes que nada hay que ser sinceros y decir que muchos chicos necesitan adecuaciones curriculares, de acuerdo a las demandas de la educación común. En algunos casos se necesita trabajar específicamente la autonomía del alumno, algo que la escuela común da por sentado en muchos aspectos. Es decir, la escuela común enseña a contar, pero no a manejar el dinero. O enseña los números, pero no la numeración de las calles. Entonces es ahí cuando se recomienda que los chicos vayan a escuelas especiales, para que puedan desenvolverse por sí mismos.—¿Cuál es la primera reacción del maestro cuando llega al aula y nota que algún alumno requiere educación especial?—Lo primero que se le escapa es: "Yo no estoy preparado para trabajar con ellos". Hay una resistencia inicial bastante frecuente. Existe una sensación de angustia que desde la formación docente debe trabajarse, para que los maestros se sientan capacitados a afrontar proyectos de integración. Que sepan que tienen en el maestro integrador un aliado para aliviar esa angustia. Hay que sensibilizar al docente para que sepa que todos son sus alumnos. Y no que tiene 25 chicos y uno "especial".—En ese aspecto resulta clave la capacitación docente.—Claro. Hace un par de años se cambiaron los planes de estudios e incluimos contenidos didácticos, prácticas y trabajos que apuntalan los proyectos de integración. Algo que vale tanto para los docentes de escuela común como para los de especial. Sin ir más lejos, así como los docentes de educación común no tenían experiencias con la educación especial, los de especial tampoco a la inversa. Esas barreras hoy se están superando y el intercambio de experiencias ayuda a la conformación de más y mejores proyectos de integración.—Ante el avance de los proyectos de integración, ¿la escuela especial tenderá a desaparecer?—Aspiramos a generar un sistema lo más inclusivo posible, pero si el contrato maestro-alumno de enseñanza y aprendizaje no se cumple, no sirve. Entonces, podemos decirnos integradores en lo discursivo, pero fallaríamos en nuestros objetivos. Así, es necesario ofrecer otra trayectoria académica, porque para ciertos casos es indispensable una educación especial. En Italia, por ejemplo, se realizó una "integración salvaje". Un buen día, por ley, se decretó el fin de las escuelas especiales. Italia revisó su ley porque notó un retroceso y los casos especiales se derivaban a clínicas o centros de salud. Era retroceder a épocas remotas.

Esta nota ha sido publicada en el Diario Clarín, Sección Sociedad, el día Domingo 6 de mayo de 2007. Buenos Aires, Argentina.

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