Revista Novedades Educativas 233
Mayo 2010

Introducción
La vida cotidiana en las escuelas está marcada por la diferencia.
Los niños, las familias, los maestros, son diferentes entre sí, provienen de diversos orígenes sociales, culturales y étnicos.
Si bien existe la ilusión de un punto de llegada igual para todos en relación con los conocimientos que la escuela ofrece, los puntos de partida no son homogéneos.
Se ha reiterado en muchas ocasiones aquello de que la diferencia enriquece, que ofrece la oportunidad de ampliar horizontes, de conocer al otro, con su historia, sus valores, sus saberes.
Y estas ideas ya han sido internalizadas por muchos maestros, que, día tras día, trabajan para convertir esta máxima en una práctica cotidiana, donde nadie ostenta superioridad por su procedencia, sino que todos conforman un entramado en el que cada uno participa y aporta.
Resta todavía bregar por acciones y medidas para que el origen no determine el punto de llegada, para desterrar y desaprobar las situaciones de racismo o xenofobia que puedan producirse (cerca o lejos de la escuela) y para comprender que todos tienen derecho a la participación cívica, a la justicia y a la igualdad de oportunidades.
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