Prácticas de formación. Evaluación y análisis
Jean Marie Barbier
Prólogo de Marta Souto
Este material constituye en nuestra colección un aporte
altamente significativo.
Ello es así por varios motivos:
- se refiere a las prácticas de formación en general
y a las del medio profesional en particular;
- describe, analiza y evalúa los mundos de la formación
y sus prácticas;
- plantea herramientas para el análisis y para la evaluación
de las prácticas:
- transita constantemente en el pasaje de las prácticas
a la construcción de categorías útiles para
su comprensión:
sostiene un nivel de abordaje analítico y no prescriptivo;
- plantea las evoluciones y las tendencias actuales en el campo
de la formación y sus posibles desafíos;
- aporta un nivel de teorización que a la vez se acerca
y se distancia de las prácticas para hacer más inteligible
el campo;
- deja frases abiertas que invitan a profundizar en una línea
de reflexión crítica.
Las contrucciones que J. M. Barbier nos transmite contribuyen
a aumentar ese campo de "la semántica de la acción"
que los actores necesitan para pensar la acción, para actuar
(en términos de Schön) como "prácticos
reflexivos".
El libro se inicia con una interesante presentación de
la trayectoria profesional del autor, la institución de
pertenencia, los trabajos realizados y en realización,
sus orientaciones, las líneas de investigación actuales.
Esta presentación es coherente con el desarrollo y las
conceptualizaciones del seminario que aquí documentamos.
Las diferenciaciones entre los mundos de la enseñanza,
de la formación y de la profesionalización contituyen
herramientas teóricas sumamente esclarecedoras.
Un largo capítulo está dedicado a la evaluación.
La noción misma de evaluación es trabajada insistiendo
en que es el juicio de valor lo que la caracteriza. La noción
queda diferenciada de otras como seguimiento o control y análisis.
ESclarecer estas diferencias es necesario ya que en nuestro medio
tienden a confundirse.
Dos tipos de actos de avaluación se tratan en profundidad:
la evaluación de agentes y la de acciones. Cada una de
ella se analiza en su especificidad, y se marcan las diferencias
y semejanzas. La evaluación de la transferencia abre a
un campo nuevo y de producción teórica aún
escasa.
El capítulo
tres se dedica al análisis de las prácticas de formación.
Prácticas que presentan regularidades, pero que siempre
tienen algo inédito que es necesario comprender. Plantea
herramientas para el análisis en el sentido de "generadoras
de nuevas herramientas" y no de herramientas a aplicar.
Analiza las prácticas por un lado en relación con
su entorno y por otro como constructoras de identidad. Una teoría
de la práctica requiere de una teoría de la identidad.
Las actividades de formación así como también
el trabajo son movilizadoras y productoras de identidad. Esta
idea nos parece realmente valiosa para contribuir a la "humanización"
de la formación y del trabajo en un mundo donde el hombre
parece quedar reemplazado por un conjunto de competencias y capacidades.
Al formar contribuimos a producir identidad y a producir sociedad.
Una tipología de campos diferencia los de la pedagogía
vinculada con las calificaciones; de la formación que lleva
a la certificación; del trabajo ligado a la posición
profesional y de la producción de medios de existencia
donde aparece el salario. Esta tipología es nuevamente
una herramienta de valor heurístico, diferencia campos
donde habitualmente los límites se confunden y las especificaciones
se pierden.
El último capítulo desarrolla brevemente las líneas
de evolución de la formación de adultos y sus desafíos
y contradicciones, tomando la experiancia francesa como base.
Quiero resaltar algunas ideas y afirnaciones para invitar a la
reflexión a partir de ellas.
La noción fundamental en la formación es la capacidad,
la formación sería una transformación de
las capacidades que serán transferidas a otras situaciones
reales. La formación no se da en la situación real
de trabajo sino que simula aquélla donde será transferida.
El saber es lo específico de la enseñanza,
"nunca se aplican saberes directamente en las prácticas",
ellos pueden "tener influencia en las representaciones
de acompañamiento de la práctica", pero
no directamente en la práctica.
La competencia es construida, es una construcción
intelectual, lo real es la actividad. La competencia requiere
de una situación real de producción, por ello aparece
en el campo de la profesionalización del trabajo. En cambio
la capacidad se da en un espacio de simulación que la formación
genera.
Estas herramientas conceptuales permiten hacer más inteligible
el complejo mundo de las práticas educativas, plantear
diferencias entre campos, generar nuevas herramientas y también
abrir la reflexión crítica sobre nociones que las
reformas políticas actuales quieren plantearnos como afirmaciones
indiscutibles.
Dejo al lector el interés por adentrarse en lo que este
libro despliega, que es mucho y muy valioso.
Marta
Souto
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